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Progreso Laboral

 

 

 

Escribo este tema como un apartado porque frecuentemente escucho a la mayoría de las personas decir: ‘‘para ascender hago muy bien mi trabajo’’, a lo que mi respuesta siempre es la misma: ‘‘te pagan para hacer bien tu trabajo, ¿por qué te ascenderían por eso?’’

Para entender cómo se puede crecer en la empresa tenemos que estar interesados en aprender sobre temas que actualmente no necesitamos.

Las actividades que realizamos diariamente se pueden clasificar según su importancia y su urgencia.

Tenemos el siguiente cuadro:

 

 

A lo que tenemos que prestar atención es a lo importante y no urgente, aquí está lo que descuidamos, lo que en el pasar de los días vamos dejando de lado por no fijarle un horario específico.

Dichas actividades, entre otras, podrían ser:

No es raro ver que las personas que amablemente ayudan a otros departamentos de la organización, en un horario que lo podrían usar para descansar, son los que finalmente consiguen ascender en la empresa, por dos motivos, uno es por los conocimientos adquiridos y otro por su predisposición.

 

''Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo''

Stephen Leacock

''Las grandes obras no se hacen por impulso, sino por una serie de pequeñas cosas puestas todas juntas''

Vincent Van Gogh

''El único lugar en el que éxito viene antes que trabajo es en el diccionario"

Vidal Sassoon

''Lo único que se empieza de arriba es un pozo''

Alfredo Casero

''Si la oportunidad no toca, construye una puerta''

Milton Berle

 

Cuento

 

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno, y las condiciones de trabajo, mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

El primer día se presentó al capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque. El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles. – Te felicito, sigue así –dijo el capataz.

Animado por estas palabras, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó temprano. A la mañana siguiente se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles. – Debo de estar cansado –pensó. Y decidió acostarse con la puesta del sol. Al amanecer se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol. Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

El capataz le preguntó: – ¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?

– ¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupado talando árboles.

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